REZAR CON NEWMAN

DOMINGOS Y FIESTAS

VIGILIA (D)

V. Quédate con nosotros, Señor.
R. Porque atardece y el día va de caída.

SALMO 121(122). Peregrinación a la ciudad santa

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. .

Himno a la providencia de Dios [Lead, kindly Light, V.V., 156-7]

Oh, Luz benigna, guíame
por entre las tinieblas que me envuelven,
condúceme;
es noche oscura, y estoy muy lejos de mi hogar,
condúceme.
Mantenme en el camino; ni siquiera
te pido alcanzar ver el horizonte,
me basta poder dar un solo paso.
No siempre ha sido así,
no siempre te pedí que me llevaras:
pues quise yo elegir la senda por mí mismo;
empero, ahora guíame.
Busqué la deslumbrante luz del día,
y, ansiándola entre dudas,
me dominó el orgullo;
olvídate de mi pasado,
Y puesto que hasta aquí me has bendecido,
hazlo de nuevo, y guíame
por entre los desiertos y pantanos,
peñascos y torrentes,
mientras la noche acaba,
y con la luz amaneciente,
los rostros de los ángeles
—que tanto amé, y perdí por un momento—
sonreirán de nuevo.


MAÑANA (D)

V. Verdaderamente ha resucitado el Señor.
R. Y se ha aparecido a Simón.

SALMO 150. Sinfonía universal de alabanza

¡Aleluya!
Alabad al Señor en su templo, alabadlo en su fuerte firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas, alabadlo por su inmensa grandeza.
Alabadlo tocando trompetas, alabadlo con arpas y cítaras, alabadlo con tambores y danzas, alabadlo con trompas y flautas, alabadlo con platillos sonoros, alabadlo con platillos vibrantes.
Todo ser que alienta alabe al Señor.
¡Aleluya!
Gloria.

Intercesión universal [M.D., 174-5]

Señor Jesucristo, Rey del universo, anhelo y esperanza de todos los pueblos, que diste tu sangre como precio para el bien de todos los hombres: extiende tu mirada piadosa sobre todas las naciones que cubren la inmensidad de la tierra, y concédeles que lleguen al conocimiento de tu verdad. Ya ves, solamente una porción de la humanidad tiene noticia de tu nombre, y sólo una pequeña parte te adora, mientras quedan miles y miles de hombres, de Oriente a Occidente, de Norte a Sur, que pasan, cada hora, a la eternidad, sin haberte conocido. Vuelve a esta tierra, en seguida, para que todos te conozcan, para que todos crean en ti, para que todos quieran servirte, a ti, que eres nuestra salvación, nuestra vida y nuestra resurrección, y que vives para siempre.


TARDE (D)

V. Ellos contaron lo que les pasó por el camino.
R. Y cómo lo reconocieron al partir el pan.

SALMO 22(23). El Buen Pastor

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
Gloria.

Oración para una muerte feliz [Mix., 122-3]

Oh Señor y Salvador mío, sostenme entre los fuertes brazos de tus Sacramentos cuando llegue esta hora, y envuélveme en el frescor de la fragancia de tus consuelos. Que las palabras de la absolución se pronuncien sobre mí, y la unción santa me signe y selle, y tu propio Cuerpo sea mi alimento, y tu Sangre riegue mi ser; que perciba, bien cerca, el aliento de mi dulce Madre, María, y mi Ángel me diga al oído palabras de paz, y sonría mi querido Padre, Felipe, y mis Santos gloriosos, mirándome; que unido a ellos y por medio de ellos reciba el don de la perseverancia, y muera, tal como deseo vivir, en tu fe, en tu Iglesia, en tu servicio y en tu amor.




LUNES

MAÑANA (L)

V. Yo soy el camino, la verdad y la vida.
R. Nadie va al Padre sino por mí.

SALMO 1. Los dos caminos

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.
Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto a su tiempo y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.
No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento.
En el juicio, los impíos no se levantarán, ni los pecadores en la asamblea de los justos; porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.
Gloria.

Oración de la mañana [Breviario Romano — Laudes]

Dios todopoderoso y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que día tras día renuevas tus maravillas en favor del hombre pecador: acepta, por tu bondad, este sacrificio matutino de alabanza y de acción de gracias, y haz que sepa ofrecértelo con reverencia, con una fe humilde y una voluntad bien dispuesta. Te bendigo, Dios mío, porque me has hecho nacer de unos padres buenos y generosos; porque me has concedido los dones de la salud y la inteligencia; porque constantemente cuidas de mí, por mi bautismo en tu santa Iglesia y por los demás medios con que me comunicas tu gracia; porque, en tu gran misericordia, perdonas todos mis pecados. Y te alabo también, y glorifico tu nombre, por las penas y preocupaciones, pasadas o presentes, que has dispuesto para mí, y proclamo con acción de gracias que todo cuanto me ha sucedido ha servido para bien.


TARDE (L)

V. El que me sigue no camina en las tinieblas.
R. Sino que tendrá la luz de la vida.

SALMO 138(139). Dios conoce a sus fieles

Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.
No ha llegado la palabra a mi lengua, y ya, Señor, te la sabes toda. Me estrechas detrás y delante, me cubres con tu palma. Tanto saber me sobrepasa, es sublime, y no lo abarco.
¿Adónde iré lejos de tu aliento, adónde escaparé de tu mirada? Si escalo el cielo, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro; si vuelo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confín del mar, allí me alcanzará tu izquierda, me agarrará tu derecha.
Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra, que la luz se haga noche en tomo a mí», ni la tiniebla es oscura para ti, la noche es clara como el día.
Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras; conocías hasta el fondo de mi alma, no desconocías mis huesos.
Cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra, tus ojos veían mis acciones, se escribían todas en tu libro; calculados estaban mis días antes que llegase el primero.
¡Qué incomparables encuentro tus designios, Dios mío, qué inmenso es su conjunto! Si me pongo a contarlos, son más que arena; si los doy por terminados, aún me quedas tú.
Señor, sondéame y conoce mi corazón, ponme a prueba y conoce mis sentimientos, mira si mi camino se desvía, guíame por el camino eterno.
Gloria.

Para pedir la luz de la verdad [M.D., 288]

Yo haría siempre esta súplica:
Dios mío, creo firmemente que tú puedes iluminar mi oscuridad, que solamente tú puedes hacerlo. Yo deseo, con todas mis fuerzas, que se disipen mis tinieblas interiores. Desconozco los caminos que has dispuesto para mí, pero sé que tu poder y mi anhelo son razones suficientes para pedirte lo que no puedes dejar de concederme. Te prometo, desde ahora mismo, que, ayudado por esta gracia que te estoy pidiendo, abrazaré todo cuanto perciba como verdad cierta, Y, con tu auxilio, combatiré el peligro de engañarme y dejarme llevar por lo que apetece a la naturaleza, en contra de lo que la razón aprueba.




MARTES

MAÑANA (M)

V. Los que quieran dar culto verdadero.
R. Adorarán al Padre en espíritu y en verdad.

SALMO 83(84). Amor a la casa de Dios

¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo!
Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne saltan de gozo por el Dios vivo.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor del universo, Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza al preparar su peregrinación:
cuando atraviesan áridos valles, los convierten en oasis,
como si la lluvia temprana los cubriera de bendiciones;
caminan de baluarte en baluarte hasta ver a Dios en Sión.
Señor del universo, escucha mi súplica; atiéndeme, Dios de Jacob.
Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo, mira el rostro de tu Ungido.
Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa,
y prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los malvados.
Porque el Señor es sol y escudo, él da la gracia y la gloria;
el Señor no niega sus bienes a los de conducta intachable.
¡Señor del universo, dichoso el hombre que confía en ti!
Gloria.

Oración a san Felipe Neri [M.D., 279-80]

Oh san Felipe, amadísimo protector mío, acudo a ti y me pongo en tus manos, y te pido que me alcances una verdadera devoción al Espíritu Santo.
Haz que participe de tal manera del amor que tú le tenías, que, así como él se dignó descender de un modo prodigioso a tu corazón y lo abrasó en amoroso fuego, también a nosotros nos favorezca con los variados dones de su gracia. No permitas que permanezcamos fríos, siendo hijos de un Padre tan fervoroso. Implora para nosotros la gracia de la oración y el gusto de contemplar las cosas divinas; haz que adquiramos la fuerza necesaria para dirigir nuestros pensamientos y alejar las distracciones; consíguenos el don de conversar con Dios, sin jamás cansamos de estar con él.
Vaso del Espíritu Santo, corazón ardiente, luz de santa alegría, ruega al Señor por nosotros.


TARDE (M)

V. Aprended de mí.
R. Que soy manso y humilde de corazón.

SALMO 130(131). Paz del alma en Dios

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.
Espere Israel en el Señor ahora y por siempre.
Gloria.

Plegaria humilde [M.D, 348-9]

Oh Jesús, Señor mío, yo creo, y por tu gracia quiero creer y reconocer que es verdad hasta el fin del mundo, que nada grande se hace sin sufrimiento, sin humillación, y que por estos medios todas las cosas son posibles. Yo creo, Dios mío, que la pobreza es mejor que la riqueza, el dolor mejor que el placer, la oscuridad y el desprecio mejores que el renombre, y la humildad mejor que los honores. Dios mío, no te pido que me sometas a estas pruebas, que no sé si podría soportar; pero, por lo menos, Señor, tanto en la prosperidad como en la adversidad, yo quiero creer lo que he dicho: no quiero poner mi confianza en la riqueza, la posición, el poder, la reputación; no quiero que mi corazón descanse en el éxito de este mundo, ni se apoye en sus ventajas; no quiero desear lo que los hombres llaman recompensas de la vida. Antes bien, yo quiero, con tu gracia, preferir lo que el mundo desdeña y olvida, honrar a los pobres, servir a los que sufren, admirar y venerar a los santos, que dan testimonio de ti, y caminar con ellos, sin hacer caso de los criterios del mundo.
Y finalmente, mi amado Señor, soy tan débil que no me atrevo a pedirte estos sufrimientos como un don, y no tengo fuerza para hacerlo; pero te pido que, al menos, sepa recibirlos cuando tú, en tu sabiduría y amor, me los quieras mandar.




MIÉRCOLES

MAÑANA (X)

V. Jesús vio rascarse el cielo.
R. Y al Espíritu bajar hacia él como una paloma.

SALMO 8. El hombre, sacerdote y rey de la creación

Señor, dueño nuestro, iqué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza contra tus enemigos, para reprimir al adversario y al rebelde.
Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus todo lo sometiste bajo sus pies: rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por el mar.
Señor, dueño nuestro, Iqué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Gloria.

Oración de alabanza al Espíritu Santo [M.D., 396-7]

Vida de todas las cosas.
Te adoro, Señor y Dios mío, Vida de cuanto vive. Por ti la tierra fue creada, y fue dispuesta para servir de morada del hombre. Por ti la primavera sucede al invierno y renueva todas las cosas, y ese estallido incontenible de vida nueva, tan be110 y maravilloso, es fruto sólo de tu presencia gloriosa. Por ti los ángeles y santos te cantan himnos de alabanza en el cielo. Por ti nuestras almas muertas reviven para servirte. De ti proceden todos los buenos pensamientos y deseos, dos los buenos propósitos, todos los esfuerzos por el bien, todos los éxitos del bien. Gracias a ti los pecadores se convierten en santos y la Iglesia es consolada y fortalecida. En ella, por ti, surgen nuevas formas de vida evangélica y florecen más devociones, mientras se adhieren a la fe pueblos numerosos y el antiguo credo apostólico desarrolla expresiones inéditas, para hacer posible una comprensión cada vez más profunda, Yo te alabo y te adoro, Señor Dios, Espíritu Santo..


TARDE (X)

V. Dichosos los limpios de corazón.
R. Porque ellos verán a Dios.

SALMO 137(138). Himno de acción de gracias

Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario, daré gracias a tu nombre: por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera a tu fama; cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma.
Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra, al escuchar el oráculo de tu boca; canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande.
El Señor es sublime, se fija en el humilde, y de lejos conoce al soberbio.
Cuando camino entre peligros, me conservas la vida; extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo, y tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.
Gloria.

Oración de la tarde [Breviario Romano — Completas]

Te doy gracias, Señor, porque me has hecho llegar seguro al final de este día. Protégeme de los peligros y asechanzas de la noche. Concédeme descansar en paz. Haz que pueda darme a mí mismo, gustosamente, como si mi espíritu debiera ser llamado esto noche; otórgame la gracia de que, cuando quiera que se cumpla esa hora, esté yo preparado, y así, al partir mi alma de este cuerpo, pueda oír aquellas palabras llenas de consuelo: «Bien hecho, siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor.»




JUEVES

MAÑANA (J)

V. El que permanece en mí y yo en él.
R. Ése da fruto abundante.

SALMO 62(63), 2-9. Anhelo de Dios

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. iCómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos.
En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene.
Gloria.

Oración a Jesucristo, Luz que brilla en nosotros [M.D., 365]

Quédate conmigo, Señor, y brillaré con tu luz, y así podré convertirme en luz para otros. Esa luz, oh Jesús, vendrá toda de ti; ni uno solo de sus rayos será mío. Te serviré tan sólo de instrumento para que tú ilumines a los demás a través de mí. Déjame alabarte en la forma que te es más agradable, llevando mi lámpara encendida para disipar las sombras en el camino de otras almas. Enséñame a darles a conocer tu gloria, tu ver. dad, tu voluntad. Déjame predicar tu nombre sin palabras: con mi ejemplo, con la fuerza de atracción y la influencia amable de mis obras, con mi parecido a tus santos, con el entusiasmo evidente de mi amor por ti.


TARDE (J)

V. Señor, ¿a quién iremos?
R. Sólo tú tienes palabras de vida eterna.

SALMO 120(121). Canto de los peregrinos

Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel.
El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche.
El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre.
Gloria.

Oración a Jesucristo, viático para la vida eterna [M.D., 433-4]

Sólo tú, Señor, eres siempre joven, aunque eres a la vez el anciano lleno de días. Pues tú eres el primero y el último. Solamente en ti encuentro lo que puede hacerme subsistir para siempre. Dios mío, tú eres mi heredad. o me he apartado de los cálculos mundanos y he ido a ti, y deseo mentarme de ti ya en esta vida. Alimentarme de ti, Jesús, Señor mío, tú que has resucitado y has subido al cielo, pero que sigues permaneciendo con tu pueblo en la tierra, Levanto mis ojos a ti, y me quedo esperando el Pan vivo del cielo, que ha bajado del cielo, Señor, dome siempre de este Pan.




VIERNES

MAÑANA (V)

V. Cuando todavía estaba lejos.
R. Su padre lo vio y se conmovió.

SALMO 50(51). Retomo a Dios (Miserere)

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti sólo pequé, cometí la maldad que aborreces.
En la sentencia tendrás razón, en el juicio resultarás inocente. Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre.
Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría. Rocíame con el hisopo: quedaré limpio; lávame: quedaré más blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría, que se alegren los huesos quebrantados. Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso: enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti.
Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios, Salvador mío, y cantará mi lengua tu justicia. Señor, me abrirás 108 labios, y mi boca proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión, reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar se inmolarán novillos.
Gloria.

Súplica obediente y confiada [FP, 61-2]

Estoy aquí, Señor. Seré lo que tú me pidas. Iré dondequiera que me envíes. Cargaré con lo que tú quieras poner sobre mis hombros. No por mi propio poder o fortaleza, porque mi fuerza es sólo debilidad, y sé que, si confío, más o menos, en mí mismo, fracasaré. Pero yo me abandono a ti; sé que me ayudarás a llevar adelante aquello para lo que me has llamado. En ti confío, y creo firmemente que nunca me abandonarás ni me echarás en olvido. No dejarás que me enfrente a ninguna prueba sin que a la vez me ayudes a superarlo. Nunca habrá un fallo por tu parte, no me faltará tu gracia. Tendré todo lo necesario, y con creces. Cierto que me espera la prueba: será probada mi razón, y tendré que creer; probados mis afectos e inclinaciones, y tendré que obedecer tus mandatos en vez de complacerme mí mismo; mis sentidos serán sometidos a prueba, y tendré que superarlos. Pero tú, para mí, eres mucho más que todas las cosas juntas, Tú puedes compensarme por todo lo que tomas de mí, y tomarás aún, porque te me darás tú mismo. Y me conducirás.


TARDE (V)

V. Cuando yo sea levantado sobre la tierra.
R. Atraeré a todos hacia mí.

SALMO 129(130). Arrepentimiento sincero y esperanza segura (De profundis)

Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora; porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos.
Gloria.

Oración por los pecadores y extraviados [M.D., 183-4]

Señor Jesucristo, tú has dicho desde la Cruz: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.» Y ésta es sin duda, oh Dios mío, la condición actual de vastas multitudes entre nosotros: no saben lo que habrían podido saber, o han olvidado lo que antes sabían. Niegan la existencia de Dios, pero no saben lo que hacen. Renuncian a creer en ti, el Salvador del hombre. Extravían a los indecisos, asustan los débiles, corrompen a los jóvenes. Otros, en cambio, desean ser religiosos, pero se equivocan tomando el error por verdad, siguen sus propias fantasías y seducen a otros alejándolos de ti. No saben lo que hacen, pero tú, Señor, se lo puedes dar conocer. Enséñales, abre sus ojos aquí, antes de que llegue el tiempo futuro. Dales una fe plena y salvadora, destruye sus terribles ilusiones y lleva a sus labios el agua de la vida para que nunca más vuelvan a tener sed.




SÁBADO

MAÑANA (S)

V. María conservaba todas estas cosas.
R. Meditándolas en su corazón.

SALMO 86(87). Jerusalén, madre de todos los pueblos

Él la ha cimentado sobre el monte santo; y el Señor prefiere las puertas de Sión a todas las moradas de Jacob. iQué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios! «Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles; filisteos, tirios y etíopes han nacido allí.»
Se dirá de Sión: «Uno por uno, todos han nacido en ella; el Altísimo en persona la ha fundado.»
El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí.»
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti.»
Gloria.

Súplica a María, guía de la Iglesia peregrina [Mix., 358-9]

Tu rostro y tu figura, Madre querida, nos hablan del Dios eterno, no con una belleza terrena, sino como la estrella de la mañana, que es tu símbolo: con una belleza luminosa y musical, que exhala pureza, nos habla del cielo y nos infunde paz. Tú eres, María, la precursora del día y la esperanza del peregrino: condúcenos como lo has hecho hasta ahora; mientras dura la oscura noche, a través del desierto inhóspito, guíanos hasta nuestro Señor Jesús, guíanos hasta casa.